Efecto Genovesse


En 1964 en Estados Unidos, una mujer llamada Kity Genovese fue apuñalada enfrente de su apartamento a plena luz del día.

El asesino de Kity Genovese la asaltó a a primera hora de la mañana y parece ser que Kity empezó a gritar pidiendo infructuosamente ayuda. El atacante le asestó dos puñaladas y se dio a la fuga dejándola muy malherida; al cabo de 10 minutos el atacante volvió al lugar de los hechos y al ver que Kity estaba tratando de entrar en el portal de su bloque de apartamentos sin haber recibido todavía ayuda, aprovechó para rematarla. 38 personas vieron el asesinato en directo desde las ventanas de sus casas sin que nadie saliese a auxiliarla ni llamase a la policía.

A esto se le llama Efecto Espectador o Efecto Genovese.

 Numerosos experimentos, realizados desde la época de los años 70 demuestran que:

“Cuando mayor sea el número de espectadores, menos posibilidades tengas de que alguien te ayude

 

 

¿Porqué no se ayuda a las personas del vídeo que gritan “help me please” (ayuda por favor)?

Básicamente hay dos factores clave para que nadie preste su ayuda:

    • Dilución de responsabilidad: cuanta más gente haya en el entorno hay más posibilidades de que otro más capacitado que yo preste una mejor ayuda que yo. Uno de los experimentos más famosos que se realizó consistía en poner en un edificio de oficinas con mesas separadas por mamparas a personas solas conectadas por intercomunicadores, pasarles un test y darles un tiempo máximo para rellenarlo. En un momento dado del experimento un actor compinchado con el experimento pedía ayuda ante una bajada de azúcar. Si el experimento tenía una persona por cubículo, en algunas ocasiones la gente de los cubículos anexos se asomaban y mostraban interés por el estado de salud. Si en el experimento había 3 o más personas por cada cubículo, nadie hacía nada por ayudar al actor que fingía sufrir un síncope.
    • Necesidad de seguir las normas sociales: Si nadie le ha ayudado aún, por algo será, no voy a ir contracorriente, ni a hacerme el héroe, mejor paso desapercibido entre la masa, tal y como demostraron Darley y Latané.

Darley y Latané realizaron en 1970 el siguiente experimento: los participantes tenían que rellenar unos cuestionarios en una habitación. Al poco de empezar a trabajar en ellos, se forzaba la entrada de humo dentro de la habitación (señal clara de peligro). Cuando los participantes estaban solos en la habitación, en el 75% de los casos abandonaron la misma y reportaron la situación; cuando dentro de ese grupo se “infiltraban” algunos “espectadores” que conocían el experimento y tenían instrucciones claras de quedarse y de dar indicios claros a los demás de que la situación no era anormal, el porcentaje bajaba a un 10%.

Hay un experimento muy similar que en COEDPI FORMACIÓN realizamos con niños en los colegios cuando vamos a darles charlas. Les decimos a los alumnos que hemos dejado a posta algo fuera del aula para hacer un experimento con toda la clase, y preguntamos ¿alguien me ayuda? ¿alguien podría traérmelo?

lo normal, sobre todo en presencia de su tutor o profesor es que muchos levanten la mano al grito de

“yo, yo profe, yo, eligeme a mi”

Pero lo cierto es que nadie se levanta y sale del aula. Transcurridos unos segundos dices, se acabó el experimento. Nadie me ha ayudado, os he pedido ayuda de forma abstracta, a todos sin centrarme en nadie concreto, sin escoger a nadie, y nadie me ha ayudado. Por eso cuando gritamos ¡¡ayuda!!, o ¡¡socorro!! nadie me salvará. tampoco cuando gritemos ¡¡fuego!! ni ¡¡Bomba!!, ni ¡¡llamad a la policía!!

Estamos tan acostumbrados/educados desde pequeños a esperar permiso para todo que en ocasiones por falta de autorización no tomamos iniciativas. Pide permiso para salir, pide permiso para levantarte en clase, pide permiso para hablar, pide permiso para ir al baño, pide permiso para poner la tele, para salir del cuarto, para traer a alguien a casa, etc. 

Poco a poco nos van emponderando para tareas concretas y de una en una, “hijo aquí en casa no hace falta levantar la mano para hablar, puedes simplemente hablar si tienes algo que decir”, de forma que empezamos a aprender que no en todos los ambientes es necesario esperar autorización, y no para todas las acciones es necesario esperar autorización. 

Como docentes, debemos educar a nuestros alumnos que nadie nos tiene que autorizar para ayudar a alguien, pero que por la propia seguridad del otro y la tuya propia hay que hacerlo de formas concretas que hay que aprender.

 

¿Entonces qué debemos hacer y enseñar para pedir ayuda de forma efectiva en una agresión?

  • No pidas ayuda en abstracto, pide ayuda a personas concretas reclamando su atención, si en lugar de decir “ayuda por favor”, mirando a alguien le solicitas una tarea concreta incrementarás las posibilidades de ser ayudado:”Eh tu, el del abrigo verde, llama a la policía por favor“.
  • No impliques en una tarea compleja o arriesgada a quién te va a ayudar. No le pidas a alguien que reciba puñetazos o navajazos por ti, lo más posible es que no lo quiera hacer. Puedes solicitarle que reclame ayuda a personas formadas para darla, desde bomberos a policías o otros profesionales de las emergencias.: NO digas ven, DI “llama a …”
  • Selecciona a quién te vaya a ayudar. En un grupo de gente escoge a aquellas personas que más predisposición tienen para ayudarte. Serán personas con el torso hacia delante, que están mirando la escena (no apartando la mirada en un libro o teléfono móvil), que llevan la barbilla levantada (enseñando el cuello/nuez), y los tobillos separados y las manos fuera de los bolsillos y separadas del cuerpo. Esas personas tienen actitud de liderazgo, están dispuesta a actuar y posiblemente no lo han hecho aún por uno o los dos factores anteriores. Pídeselo y muy posiblemente lo harán.